jueves, 5 de agosto de 2010

Me diste permiso de amarte. Fui la única a la que le abriste los brazos en esa situación.
Me permitiste ser su suplente en las noches juntos.
Me tocaste como a ella, me besaste como a ninguna.
Soy la razón de tu confusión, en la que no pensas con amor.
No nos buscamos pero nos encontramos, no nos quisimos, pero acá estamos.
Nos respetamos poco tiempo, siempre cruzando miradas, demostrándonos confianza.
Al final la sangre hirvió en nuestros cuerpos juntos en el mismo rincón de la noche, se revelo contra las reglas de la fidelidad.
Sin preguntarnos nada, sin decir una palabra, nos conocimos de verdad, y cada noche, en cualquier lugar, a cualquier hora, con frió o calor, con lluvia o con sol; sin importarnos mas que los de alrededor, terminamos juntos demostrándonos la mutua seducción.

1 comentario:

Manis